A la vista son un plato sobrante de comida y un film. Detrás, hay más sabiduría de la que podrían imaginar: la teoría del film versa en cómo aprender a enseñar y cómo predisponerse para aprender en la vida. La explicación es muy fácil. ¿Quién sabe poner un fin? Todos, supongo. "Es un conocimiento intuitivo", pensaría yo. Sin embargo, hace un tiempo me enteré que hay especialistas en la táctica del enfilmado. Y lo que es aún mejor, tengo la suerte de que el "enfilmador profesional" sea mi novio.
El hallazgo se dio mientras intentaba enfilmar unas sobras del almuerzo y, ante la rusticidad de mis actos, el boquerón sugirió una manera de hacerlo mejor. No cabía ninguna duda en mí de que él tenía más conocimientos en la materia, hace un mes que estaba trabajando en la cocina de un chiringuito malagueño. Sin embargo, la forma arrebatada de enseñarme su técnica me provocó más ganas de enfilmarle la boca para que callara que de escucharlo atentamente cual una noña sumisamente enamorada.
Tras la experiencia y luego de un debate concienzudo (en el auto y camino a casa), la comunidad científica que trataba la cuestión del film reparó en una verdad irrefutable: nadie nace sabiendo. Es decir, si no existieran los enfilmadores profesionales, quienes ignoran su técnica no podrían perfeccionar su arte o el tiempo de aprendizaje sería mucho mayor. Los enfilmadores están en la vida para facilitarles la tarea a los "novatos" del enfilmado, y lo más inteligente es aprender de quien lo hace bien. Por su parte, los profesionales no deberían subestimar el conocimiento adquirido, por más poco que ese fuera, a través de la experiencia por los novatos. Porque, en definitiva, cada uno decide qué tomar para su vida y de qué deshacerse. Si lo que quiere el enfilmador es que algún día su aprendiz sea tan bueno como él, entonces encontrará una buena forma para que escuche sus consejos.
La teoría del film en 6 pasos
Despegar el film.
Estirarlo.
Adherir el extremo a uno de los bordes del recipiente.
Agarrar el recipiente y tensar el film hacia el otro lado del recipiente. Clavarle el dedito gordo para perforar el extremo y continuar el corte del film estirando el brazo hacia abajo.
El film quedará prácticamente adherido al recipiente. Ultimar detalles con los dedos.
Charán! Parece una sonrisa sobradora, pero es real.
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